MÉXICO -- Ni siquiera tuvo que ver el reloj. Lo sabía. Solo metió la
mano entre su número y su uniforme, sacó la fotografía que llevaba
guardada y cayó, no extenuado, sino abrumadoramente emocionado.
Su vida lo había acostumbrado a caer estrepitosamente, pero siempre encontró la manera de levantarse.
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